Todos somos puestos a prueba. Primero, la verdad se presenta clara y accesible. Si es rechazada, el error aparece como alternativa. Quien ama la verdad la abraza; quien prefiere sus propios intereses, abraza el engaño. Eva lo experimentó, los judíos lo vivieron, y cada uno de nosotros lo enfrentará. No hay término medio.
La Palabra de Dios como instrumento de diagnóstico
Los psicólogos usan los llamados métodos psicométricos, que consisten en determinados test o pruebas psicológicas para analizar los estratos más profundos de la personalidad de un sujeto, valorar sus aptitudes, determinar su grado de inteligencia o velocidad mental, precisar su carácter, reacciones, y averiguar tanto su vida anímica como mental.
Dios también tiene métodos psicométricos infalibles. Somos confrontados con su Palabra y nuestra respuesta da la clave:
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquél a quien tenemos que dar cuenta." (Heb. 4:12-13)
La sinceridad y el engaño
Algunas personas están engañadas debido a su ignorancia. Creen con sinceridad el error. Deben ser puestas frente a la verdad. Entonces demostrarán su verdadero carácter. Marx decía que era imposible lograr la objetividad porque cada uno está afectado por su propia conveniencia. Que cada cual construye su propia ideología, es decir, un sistema de ideas para resguardar sus intereses. En eso tenía razón. Muchos afirman que nadie tiene la verdad, que es un tesoro muy elevado e imposible de alcanzar. Pero la verdad es evidente y está al alcance de todos. Si no nos apropiamos de ella es porque tenemos idolatrías: objetos adorados por nuestro corazón, más amados que Dios mismo: riquezas, placeres, pasiones, egoísmos, mentiras, conveniencias de toda clase, que la verdad pone en peligro.
Pero suele suceder que personas sinceras no sigan la verdad a primera instancia. No pueden ejercer fe con unas pocas evidencias. Entonces les es dada más luz. Un conocimiento más claro o más completo de la verdad puede alcanzarlas.
La contaprueba divina
Si aún la rechazan, entonces Dios hace la contaprueba. Para que no quede ninguna duda. No solamente las enfrenta a la verdad, sino que las confronta con el error, con el engaño. Si lo abrazan, serán conocidos sus verdaderos motivos, ya que tenemos fe cuando queremos creer.
El pecado tiene dos puntos de apoyo. Uno consiste en desconfiar de Dios y el otro en confiar en Satanás. Eva en principio desconfió de Dios; por fin, creyó a la serpiente. El que no acepta la creación, acepta finalmente la evolución. No puede creer que su padre sea Adán, pero sí un mono. No creen en el diluvio, pero sí en que hace millones de años, esto y aquello... Eso es más fácil de creer... para el que no quiere dar cuenta a Dios de sus actos. A otros les cuesta creer que el Autor de la vida resucite a los muertos, pero creen que poseen un elemento consciente e inmortal, aunque no puedan comprobarlo mientras viven. No creen en la inspiración de la Palabra de Dios, pero sí en astrólogos, adivinos, curanderos, parapsicólogos...
Prueba y contaprueba. Para que no haya equivocaciones:
"Porque no quisieron aceptar y amar la verdad para recibir la salvación. Por eso, Dios deja que el error los engañe y que crean en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no han querido creer en la verdad, sino que se complacen en la maldad." (2 Tes. 2:10-12, DHH)
Nadie será condenado por creer inocentemente el error, sino por rechazar culpablemente la verdad. Cuando los judíos mataron a Cristo creían sinceramente que estaban en lo correcto, al punto que dijeron "su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos". No por eso fueron menos culpables, porque antes, cuando el Hijo de Dios se les hizo evidente, lo rechazaron. No era lo que sus ambiciones esperaban, estaba en pugna con sus egoísmos.
La cruz como prueba reveladora
Un test revelador es la cruz de Cristo. En ella quedó manifestado el infinito amor de Dios por un mundo que no le amaba y el carácter del Enemigo de Dios, su odio homicida hacia su propio Creador. Y ante la cruz, el carácter de cada uno de nosotros será revelado: nos identificaremos con Cristo, o con el Anticristo; hacernos los distraídos es posicionarnos.
La Ley de Dios como prueba decisiva
Otro test revelador es la Ley de Dios. Sus grandes principios de amor a Dios y al prójimo son la gran verdad para muchos inalcanzable. Pero es inalcanzable porque no están dispuestos a dar su vida por Dios y a tomar las decisiones que manifiesten que aman a sus prójimos como a sí mismos. Cada uno de los Diez Mandamientos es una prueba y en el cuarto está la señal de lealtad al Creador: el Sábado. No tenemos alternativa: leales o desleales. Apoyando el gobierno de Dios o en rebelión contra Él. El que no acepte el Sábado de la Ley de Dios, aceptará finalmente el Domingo de la ley humana en:
"La hora de tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra." (Apoc. 3:10)
Conclusión
Luego de prueba y contaprueba, el caso de cada uno será sellado: cosa juzgada.


