La historia bíblica no es solo relato del pasado; es jurisprudencia para el futuro. Cada castigo y cada misericordia registrados en las Escrituras son precedentes que definen cómo Dios juzgará al final de los tiempos. Conocerlos es prepararse para el veredicto eterno.


El principio de la jurisprudencia

La jurisprudencia guarda el conjunto de las sentencias que los jueces han hecho con anterioridad. La jurisprudencia también nos iguala a todos. Los jueces antes de dar sentencia consultan lo que se ha hecho en casos similares anteriores. Si a Juan Pérez le dieron cuarenta años de cárcel por matar a su padre, a José López le corresponde lo mismo por el mismo crimen. De otro modo, si la pena es mayor, protestará José López, y si es menor, protestará Juan Pérez. Se dice que se sienta jurisprudencia cuando se dicta sentencia por primera vez respecto de algún asunto no juzgado anteriormente. En adelante, se deberá usar el mismo criterio. A igual crimen, igual castigo; si no, no hay justicia.

En la Palabra de Dios también encontramos la Jurisprudencia Divina. Toda la historia bíblica nos hace saber el modo de proceder de Dios en su trato con otros hombres y otros pueblos. Y podemos esperar con toda seguridad el mismo trato de parte de Dios.

Por ejemplo, si Dios destruyó a Sodoma y Gomorra a causa de la homosexualidad y la perversión sexual, no esperemos otro trato hoy. De otro modo, Dios se tendría que arrepentir de lo que hizo antes. Pero Dios:

"No es hombre para que se arrepienta." (Núm. 23:19; 1 Sam. 15:29)

"En él no hay mudanza, ni sombra de variación; él es el mismo hoy, ayer y por los siglos." (Sant. 1:17; Sal. 90:2; Heb. 1:8; 13:8)


Juicios temporales y el juicio final

Los directos castigos divinos ocurridos en el pasado, y registrados en la Historia Sagrada, han sido Juicios Temporales. Las personas que murieron serán resucitadas para enfrentar el Juicio Final. En el caso de Sodoma, Dios no reconoció ni diez personas justas. De las cuatro que huyeron, se salvaron tres, y después tuvieron una vida complicada... En el Juicio Final de los que murieron en la destrucción de la ciudad, sus sentencias serán ratificadas, con consecuencias eternas e irreversibles.

Sin embargo, en las catástrofes que ocurren en nuestros días, y que Dios permite como llamados de Dios a la humanidad que sobrevive, posiblemente mueran muchos inocentes. Ellos serán juzgados finalmente con justicia. Preparémonos porque no estamos libres de terremotos, tsunamis, inundaciones, epidemias, etc.

Estos juicios temporales, registrados en la Biblia, nos aseguran cuál será el proceder de Dios en casos semejantes en el Juicio Final. Reiteradas veces Nuestro Señor Jesucristo lleva nuestra atención del castigo temporal al castigo eterno. Partiendo de lo que sabemos, nos revela lo que no sabemos.


Ejemplos bíblicos de jurisprudencia divina

A aquellos que no se preocupan por conocer la voluntad de Dios, Jesús les dice:

"La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar." (Mat. 12:42)

Ciudades que ante la advertencia de castigos inminentes se arrepintieron, nos son presentadas como de pie y pidiendo justicia ante la impenitencia de otras ciudades en las que se hicieron muchos milagros, pero no se arrepintieron. Un Dios justo no puede dejar de recibir esos reclamos:

"Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar." (Mat. 12:41)

"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti." (Mat. 11:20-24)


La paciencia de Dios y el punto sin retorno

Tenemos la tendencia a pensar que debido a que Dios es tan misericordioso y nos ama tanto, nunca nos castigará. Dios es:

"Paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento." (2 Ped. 3:9)

Él aplaza sus castigos misericordiosamente, pero hay un punto sin retorno en que Dios dice: "Comenzando, acabaré". Ante Dios no existe la impunidad.

Miremos a Moisés, un hombre que determinó la historia de la humanidad, que hablaba con Dios cara a cara, pero al cual Dios no le levantó el castigo.

Miremos a David, un hombre "según el corazón de Dios", pero que tuvo que sufrir las consecuencias de su pecado en la pérdida de cuatro de sus hijos.

Miremos al pueblo de Israel cautivo de los asirios.

Miremos al pueblo de Judá esclavo en Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma.


La advertencia para los creyentes

Los judíos, creyendo ser el pueblo predilecto de Dios, se encerraron en sí mismos y dejaron de llevar el conocimiento de la verdad al mundo. Entonces Dios permitió que fueran llevados cautivos a Babilonia. Así cumplieron, con sufrimiento, el propósito divino.

San Pablo comparó al pueblo de Dios con un olivo, cuyas ramas, los judíos, fueron desgajadas por no dar los frutos debidos. Nosotros hemos sido injertados en lugar de ellos. Pero no debemos pensar que nos irá mejor si no damos el fruto esperado:

"Si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien: por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú, por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera, tú también serás cortado." (Rom. 11:16-22)


Conclusión

Dios es el mismo hoy, ayer y por los siglos, y podemos predecir con exactitud cuál será su conducta. Nuestro destino está en nuestras manos. Pidamos al Espíritu Santo que nos dé arrepentimiento de nuestros pecados y confesémoslos con humildad delante de Dios y de quien hayamos agraviado. Hoy es el día de salvación.

El Juez está sentado en su trono esperando tu decisión.