La conciencia nos advierte, el Espíritu nos convence y las Escrituras nos revelan: seremos juzgados por una ley perfecta, ilustrada por profetas y cumplida en Cristo. Conocer el fundamento del juicio es el primer paso hacia la gracia.
La conciencia universal del juicio
En el fondo de nosotros, o en nuestra conciencia, todos sabemos que vamos a dar cuenta de nuestros actos porque el Espíritu de Dios ha sido enviado para "convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16:8). Y nos interesa, y nos importa, saber todo lo referido a un acontecimiento tan importante que definirá nuestra vida o nuestra muerte por la eternidad.
"Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala." (Ecl. 12:14)
"De manera que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí." (Rom. 14:12)
Continuamente, Jesús llamó la atención de sus oyentes al gran tema del Juicio Final. Fue una de sus enseñanzas directrices: el fin del mundo, el juicio final, la resurrección de los muertos, la vida eterna. Él nos enseñó a considerar cada momento de la vida como solemne, cada palabra dicha como de gran importancia. Todo será sacado a la luz.
"Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas." (Luc. 12:2-3)
Cada uno recogerá lo que sembró. Es la hora de arrepentirnos y buscar el perdón antes de que sea demasiado tarde:
"Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante." (Mat. 5:23-26)
La norma del juicio
En este mundo, para juzgar con equidad, los jueces deben acudir a las fuentes de la justicia: la ley, la jurisprudencia y la doctrina. Pero, en la Palabra de Dios, encontramos la gran Fuente del Derecho. Allí tenemos la Ley de Dios, la Jurisprudencia divina y la Doctrina. Analicemos por separado:
Primera fuente: La Ley
La ley, dictada por una autoridad competente, nos obliga a hacer o no hacer determinadas cosas. La ley nos iguala a todos, nos pone en la misma condición. Como dice el dicho: "ley pareja no es rigurosa". Si la ley dice que no se debe avanzar con un semáforo en rojo, cualquiera que lo haga cometerá una infracción, y se aplicará la pena que la ley diga.
Ningún ciudadano acusado de cometer una infracción puede alegar su desconocimiento de la Ley. Es deber de todos conocerla, aunque sin la ayuda de un abogado es bastante difícil, y aún así. Pero la Ley de Dios está al alcance de todos y es de fácil comprensión:
"Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá, y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón para que la cumplas." (Deut. 30:11-14)
Si tenemos la obligación de conocer la ley humana, ¡cuánto más la Ley de Dios! Si Dios ha hablado, ¿quién dejará de escuchar?
"Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él, dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas con el dedo de Dios." (Ex. 31:18)
Si Dios ha dejado escrito, ¿quién podrá decir "yo no sabía"?
Los Diez Mandamientos son principios de justicia que se aplican a todos los mortales.
Segunda fuente: La Doctrina
Así como la doctrina son las explicaciones que dan los juristas, los expertos, de aspectos de la ley que pueden ser interpretados de manera vaga o ambigua, para entender mejor los mandamientos, Dios nos ha dado su Palabra: una expresión de su Voluntad manifestada a través de sus profetas, en diferentes situaciones por las que le ha tocado al hombre vivir, y por las que en algún momento, de alguna manera, pasamos nosotros también.
Por si esto fuera poco, Dios envió a su Hijo, la Ley de Dios en Persona, para que sepamos cómo debemos observarla: como hizo Cristo, así debemos hacer:
"No piensen que he venido a abrogar la ley o los profetas; no he venido a abrogar, sino a cumplir. Porque de verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos." (Mat. 5:18-20)
"Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad." (Stgo. 2:12)
Conclusión
En la próxima nota analizaremos la otra fuente con que seremos juzgados: la Jurisprudencia divina. No te la pierdas, porque te toca sí o sí, tanto a ti como a mí.


