El verdadero acusado
"Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo." (Rom. 14:10)
Aunque el Omnisapiente no necesita averiguar acerca de nuestra culpabilidad o inocencia, el Juicio Final se hará para demostrar la justicia de Dios ante todo el Universo. Porque en realidad quien está sentado en el banquillo de los acusados es Dios mismo. Lucifer se rebeló contra Dios y lo acusó de egoísta e injusto, y que no cumplía su propia ley. Si Dios hubiese aniquilado a Lucifer apenas se rebeló, habría dejado para siempre dudas latentes en la mente de los ángeles leales, porque nadie comprendía la naturaleza del mal, ya que no conocían sus consecuencias. Hubieran servido a Dios por temor, en vez de por amor, y la rebelión podía volver a suceder. Pero en el Juicio Final cada uno de los seres creados libres y racionales, culpables e inocentes, comprobará que Dios es Amor y que su Justicia es Perfecta. Luego, los pecadores no arrepentidos serán destruidos para siempre y el mal jamás volverá a levantarse. El Universo estará seguro por la eternidad.
El juicio divino es un proceso que consta de cuatro etapas. La primera consiste en una investigación, suministro de pruebas y fallo individual. La segunda consiste en la ejecución temporal del juicio. La tercera constituye una revisión de cada sentencia. Y la cuarta es la ejecución final de dichas sentencias. Veamos por separado:
Primera etapa: El juicio pre-advenimiento
La primera etapa del juicio se verifica antes de la Segunda Venida de Cristo a la tierra. Esta instancia es para beneficio de los ángeles y seres de otros mundos que nunca pecaron, pero que con ansiedad consideran la contienda entre el bien y el mal y quieren saber acerca del destino eterno de cada criatura:
"Cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles." (1 Ped. 1:12)
"Fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, y su trono era como llama de fuego. Un río procedía de delante de él; millares y millares le servían, y millones y millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos." (Dan. 7:9-10)
Debemos reconocer, confesar (a Dios y a quien hayamos ofendido o perjudicado) y abandonar nuestros pecados, y seremos perdonados por el sacrificio de Jesucristo. Jesús, nuestro Abogado, prometió:
"Al que venciere... no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles." (Apoc. 3:5)
Segunda etapa: Ejecución temporal del juicio
La segunda etapa se verifica durante la Segunda Venida de Jesús. Consiste en la ejecución temporal del juicio investigativo, o el juicio propiamente dicho: juzgar o hacer juicio es reivindicar al agraviado y castigar al culpable, restituir a cada uno su derecho, darle lo que le corresponde, lo que se merece en justicia.
Cuando los impíos están por aniquilar al pueblo de Dios, Jesús aparece en gloria y majestad, libera a los inocentes y destruye a los impenitentes. Cuando Cristo regrese, el caso de cada uno, desde Adán hasta la última generación, habrá sido investigado y fallado. Los santos muertos que, aunque pecadores, se arrepintieron sinceramente de sus pecados y los abandonaron, serán resucitados, y los santos vivos serán transformados y hechos inmortales. Y entre gritos de victoria repetirán con los ángeles:
"Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas." (Apoc. 16:5)
Tercera etapa: La revisión del juicio
Esta tercera instancia se lleva a cabo después de la Segunda Venida de Cristo, durante el Milenio, para beneficio de los salvados de todas las épocas:
"El Señor... descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero... Y vi tronos y se sentaron sobre ellos los que recibieron la facultad de juzgar... y vivieron y reinaron con Cristo mil años." (1 Tes. 4:13; Apoc. 20:4)
Aquellos que triunfaron sobre el pecado revisarán el juicio divino y comprobarán su justicia en su trato con cada miembro de la familia humana.
Pero más que eso:
"Hemos de juzgar a los ángeles." (1 Cor. 6:3)
Consideraremos a los actores de la gran controversia entre el bien y el mal desde que se inició en el Cielo, y todo punto oscuro será dilucidado ante nuestras mentes:
"Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones, y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios." (1 Cor. 4:5)
Cuarta etapa: El juicio final propiamente dicho
Esta última instancia tendrá lugar luego del Milenio y de la resurrección de los impenitentes. Entonces los rebeldes reconocerán que se perdieron únicamente por culpa suya. Se les preguntará a cada uno de los enemigos de Dios por qué se rebeló, y no tendrán nada que decir. El mismo Satanás permanecerá mudo.
"Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años... Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él... Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida, y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras..." (Apoc. 20:5, 7, 8, 11, 12)
El impío, por toda prueba, tiene delante de sí una exposición de su propia vida. Puede reconocer exactamente cuáles fueron sus primeros pasos en el pecado, hasta su último rechazo de la misericordia divina. Un sentimiento pavoroso de su propia culpabilidad hace que todos los malvados reconozcan la Justicia infinita de Dios. Hasta el mismo Satanás se postrará en la presencia del Juez Justo:
"Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." (Fil. 2:10)
Pero no hay un cambio de corazón en los impíos. Con la esperanza de conquistar la Santa Ciudad y tomar posesión del árbol de la vida:
"Satanás... saldrá a... reunirlos para la batalla, el número de los cuales es como la arena del mar... Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo y los consumió... El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. Esta es la muerte segunda."
"Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos." (Apoc. 20:6-9, 15)
Conclusión
De esta manera, los ángeles que nunca pecaron, los redimidos y hasta los impenitentes, tendrán que reconocer que Dios ha sido justo. Todos comprobarán que el Creador no tuvo ni un ápice de culpa. Las acusaciones de Satanás quedarán acalladas por toda la eternidad, y la semilla de la rebelión jamás volverá a producir sus horribles frutos. El Universo quedará protegido para siempre y el Trono de Dios establecido por siempre jamás.


